Hay dos tipos de miedo en aquellas personas que intentan imbuirse en los caminos de la Madresita Ayahuasca. Uno es el miedo previo de quienes no han probado la plantita, el que combustiona por el prejuicio y la ignorancia. Otro es el miedo de quienes, ya en la brega ayahuasquera, han visto y escuchado sin respaldo ni anestesia la desnuda verdad de sí mismos y de sus actos. Entonces uno es el miedo en pañales y el otro es el miedo orgánico, el cardinal. El uno presenta una escala en desuso por su insignificancia y el otro aún no encuentra el término adecuado para nominarlo como tal. Así pues, en los caminos de la Ayahuasca, si empiezas con miedo terminarás con miedo elevado al cuadrado, casi lidiando con el pánico. Entonces emerge una solución obvia: hay que superar el miedo sin el desdén del sabelotodo y con la técnica del eterno aprendiz. Pero no estoy de acuerdo por ser una solución improcedente, ya que, como todo lo que vino con la Gran Creación, el miedo es parte de nosotros y solo podemos asumir su muerte por arrogancia. En este punto advierto otra salida: poner al nivel del miedo su contraparte, el coraje, pero ante todo debemos elevar a la enésima potencia la Fe. Sin Fe, la cuesta que lleva al milagro de la Suprema Conciencia sería un martirio o un sacrificio, pero con Fe es una serie de peldaños que se conquistan con entusiasmo predicador.
El día miércoles 13 de julio de 2022 dirigí una sesión de Ayahuasca en Cusco. Hoy, viernes 15, dos días después, resulta que doy positivo a una prueba antígena de COVID-19. Quiero, por tanto, relatar la interacción entre la Ayahuasca y el SARS-CoV-2 (posiblemente la variante ómicron o subvariantes). La previa Desde el jueves 07 hasta el miércoles 13 seguí --pero no de forma tan estricta-- la dieta y preparación que usualmente se aconseja antes de hacer una sesión de Ayahuasca. Aún así, puedo decir que llegué a la ceremonia preparado, aunque había cierto malestar. El lunes, dos días antes de la sesión, desperté con un leve escozor en la garganta. Sentí el típico malestar que advierte la llegada de la tos. Atribuí mi estado al frio de la época (este mes la temperatura puede bajar a -3 ºC), dado que, por descuido, dormí con la ventana abierta (no pude resistirme al aroma nocturno de la luna llena). Esa mañana, como otras, desperté temprano, salí a correr, hice yoga y me bañé con agua...

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