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Sesión de Ayahuasca y COVID-19 positivo


El día miércoles 13 de julio de 2022 dirigí una sesión de Ayahuasca en Cusco. Hoy, viernes 15, dos días después, resulta que doy positivo a una prueba antígena de COVID-19. Quiero, por tanto, relatar la interacción entre la Ayahuasca y el SARS-CoV-2 (posiblemente la variante ómicron o subvariantes).

La previa

Desde el jueves 07 hasta el miércoles 13 seguí --pero no de forma tan estricta-- la dieta y preparación que usualmente se aconseja antes de hacer una sesión de Ayahuasca. Aún así, puedo decir que llegué a la ceremonia preparado, aunque había cierto malestar. 

El lunes, dos días antes de la sesión, desperté con un leve escozor en la garganta. Sentí el típico malestar que advierte la llegada de la tos. Atribuí mi estado al frio de la época (este mes la temperatura puede bajar a -3 ºC), dado que, por descuido, dormí con la ventana abierta (no pude resistirme al aroma nocturno de la luna llena).

Esa mañana, como otras, desperté temprano, salí a correr, hice yoga y me bañé con agua fría. Para erradicar el malestar de la garganta, y antes del desayuno, tomé mi remedio favorito de la temporada: "Bronquiosan", un compuesto en polvo de plantas de asmachilca (Aristeguietia gayanum), eucalipto (Eucalyptus), borraja (Borago officinalis), nogal (Juglans regia) y pulmonaria (Pulmonaria officinalis). Según las indicaciones del sobre de color metálico, el remedio es eficaz para las enfermedades de las vías respiratorias y, desde luego, es un "producto 100% natural". 

El martes hice la misma rutina. Ya el día miércoles cambié la ducha fría por el agua caliente. Aún sentía el malestar en la garganta, pero no le di mucha importancia; tenía que estar concentrado para la sesión de Ayahuasca que realizaría más tarde. 

A las 9:00 am salí de casa para encontrarme con uno de los participantes y a las 11:00 am me encontré con el otro. Los tres almorzamos en casa, junto a mi familia, y luego salimos hacia Huaro, el lugar donde hacemos las sesiones. 

Baño con plantas y contemplación

En Huaro, estuvimos hallpando (conversando y compartiendo hojas de coca) en el jardín de la casa de retiro. Por la tarde, tomamos un baño de agua caliente compuesto por las siguientes plantas medicinales: romero (Salvia rosmarinus), markhu (Ambrosia peruviana), santa maría (Tanacetum parthenium), floripondio (Brugmansia arborea), ruda (Ruta graveolens) y hierba buena (Mentha spicata). 

Luego, sentados en el balcón del tercer piso, contemplamos el atardecer andino en silencio. Cuando el sol hubo tocado el cerro para esconderse, nos fuimos a descansar.

Mientras intentaba dormir, sentí que la leve molestia en la garganta se acentuaba. Usualmente, cuando estoy sano, pego la pestaña, doy de tres a cuatro respiraditas y chao, me reúno con Morfeo. Pero esta vez no, no podía dormir, se me dificultaba pasar la saliva y cada que lo hacía surgía un ardor. El reflejo de tragar la saliva a cada rato me desesperaba. De pronto, sonó la alarma de mi celular. Resulta que sí dormí, aunque no con la consistencia que hubiera querido.

Me levanté y desperté a los demás. La emoción --y la responsabilidad-- de guiar la sesión hizo que la molestia en la garganta pase a un segundo plano. Al parecer, dicho malestar aparecía solo al acostarme (recuerdo que mientras dormía --o dormitaba-- tosí un par de veces).


El inicio de la sesión 

Es hora de empezar. Hice los rezos y rituales que usualmente hago con el padresito tabaco y el romero macerado. Luego, agarré mi vasito de Ayahuasca y lo llené casi al tope, y adentro, la medicina ingresó a mi cuerpo. Les di la misma cantidad a mis compañeros de viaje. 

En cuando ingerí los, no sé, ¿100 ml? de Ayahuasca concentrada, todo dolor, molestia o resquicio de malestar desapareció completamente. En efecto, y en mi caso, cualquier incomodidad física o emocional se desvanece cuando la plantita entra en mi cuerpo. Parece que el brebaje, casi de forma inmediata, o sin que te des cuenta, aparta las molestias o las anula hasta que su efecto en tu cuerpo y mente disminuyen. Por ejemplo, en anteriores sesiones, cuando estuve constipado o con leve dolor de cabeza o de estómago,  las molestias desaparecieron luego de tomar el brebaje, aunque regresaron después. De esta forma, la planta me deja hacer mi trabajo. 

Pero, en esta ocasión, había algo diferente. Era mi estómago. Luego de tomar el brebaje y de empezar con los primeros icaros, sentí la sensación de vómito, pero esta cesó. En cambio, me fui al baño a defecar (algo estaba pasando en mi estómago). Regresé a la sesión sin dejar de cantar, pero igual, algo andaba raro. 

Bitonalidad, vibrato y el "OM" infinito

Mientras cantaba, mi voz empezó a salir en dos tonos: uno agudo, para las primeras palabras de la oración, seguido de otro grave, para las frases de cierre. Esto pasa usualmente cuando se canta bajo los efectos de la plantita. Mi voz cambia. No es la cotidiana, no es la voz que me sale --y que nadie quiere oír-- en los karaokes. Mi voz se transforma, cambia de tonalidad y sale, primero, en un tono agudo, y, segundo, en un tono grave. El efecto se crea de forma instintiva, automática. No es una voz fingida, practicada o preparada. No es un falsete intencional. Ahora mismo, dos días después de la sesión, no me saldría este efecto por más esfuerzo de imitación que realice. En otras palabras, la bitonalidad es una herramienta que la Ayahuasca utiliza para darse el gusto de hablar a su manera. La planta acomoda mis cuerdas vocales para sus propósitos.

El efecto bitonal tiene la función de emitir el mensaje de forma que llegue a los distintos niveles de atención de los participantes. El lenguaje bitonal complementa o une dos frases o palabras distintas y crea un mensaje completo, conciso y efectivo. Es como si dos voces cantasen una detrás de la otra. Por ejemplo, un mensaje bitonal sería el siguiente:

--Madresita Ayahuasca (primera frase en todo agudo); cura, cura, cúranos (segunda frase en todo grave).

--Doctorita Ayahuasca; sana, sana, sánanos.

--Maestrita Ayahuasca; enseña, enseña, enséñanos

A veces, las frases bitonales se cargan del vibrato. Es decir, la voz sale interrumpida o empujada por una nota metalizada que se acomoda por intervalos exactos en cada palabra y continúa durante toda la frase. Es como si la voz saliera en modo estéreo y gradiente al mismo tiempo. Es como si la voz de dos personas se unieran para formar un sonido extraordinario.

A veces, las frases bitonales, aunadas al vibrato, terminan en un alargado "OM". Esto sucede aunque las palabras terminen en un sonido distinto al OM. Por ejemplo: 

--Madresita Ayahuasca; cura, cura, cúranosommmmmmmmm...

La última sílaba se alarga infinitamente. Bueno, parece que se alarga infinitamente, pero en realidad dura lo que la respiración permita, aunque, durante su pronunciación, la sensación de que uno viaja por el infinito es incuestionable. Se trata de la eternidad.


La primera curación

Mientras cantaba, me concentré en el primer participante. Me invadió una indiscutible necesidad de icarear su corazón (me refiero tanto al órgano como al sentimiento). Estuve con él casi media hora o más. Aparte de icarear, también me acerqué a su pecho para insuflarle el hálito vital.  

Luego de haber cantado y trabajado en mi compañero, recién sentí que mi voz se agotaba. Ya no salía el efecto bitonal, ni el vibrato, aunque sí el modo "OM". En cambio, había una voz aguda y medio aguarrentosa, propia de una garganta lastimada. 

Poco a poco me acomodé a la nueva voz. La Ayahuasca me dio las frases adecuadas para utilizar el desgaste de mi garganta en su beneficio. Dejé a un lado, como dije, la bitonalidad y el vibrato, porque mi garganta me lo impedía, pero claro, la inspiración de la Ayahuasca no se puede detener por una garganta defectuosa. La inspiración se acomodó a la nueva voz. De todas formas, el mensaje de la sanación tiene que llegar. Usualmente, esto pasa cuando el propósito es más poderoso que el malestar.

La segunda curación

Tocó el turno de atender a mi segundo compañero. Me invadió la indiscutible intuición de curar sus rodillas. Me la pasé icareando, olfateando, soplando e insuflando una media hora o más (no se puede calcular el tiempo mientras uno hace lo que tiene que hacer). 

Sin embargo, luego de esta faena, regresó la sensación de vómito, algo que yo pensé que ya había superado, dado el avance de la sesión. Me fui directo al cuarto de baño y vomité. Salió todo, expulsé hasta el último habitante de mis entrañas; todos los músculos de mi estómago se contrajeron. Salió parte del brebaje, los jugos gástricos, la flema, los retacitos de comida no digerida y el poco bilis acumulado. También me salieron lágrimas por el esfuerzo físico que implica el vomitar. 

Allí empecé a sospechar de que mi tos no era común, que algo inusual estaba en mi cuerpo y la Madresita Ayahuasca estaba haciendo lo que mejor sabe hacer, curar. 

Ahora me doy cuenta que la planta, durante toda la sesión, estaba juntando en mi estómago todas las partes rebeldes, conflictivas, desobedientes, radicales o nocivas del virus para expulsarlas en el vómito. Sin duda, me quedé con las partes del virus dispuestas a negociar una tregua, una convivencia, un acuerdo mutuo, un beneficio compartido, una evolución favorable.

Luego del vómito y de cantar y orar un rato, cerré la sesión con los agradecimientos del caso. Cada uno de nosotros se fue a su cama para continuar con el trabajo o, eventualmente, dormir. Había que levantarse temprano, porque teníamos otras actividades. 


Laguna fría

Después de la misa y del desayuno, los tres nos fuimos caminando hacia la laguna de Urcos. Como era jueves, no había nadie en los alrededores. Serían las 9:30 am y el lago refulgía al vernos, al igual que sus habitantes, pequeñas truchas que brincaban para saludarnos. 

Los tres nos zambullimos en el lago. Cuando salí, el viento frío chocando con mi cuerpo mojado, más el escenario de cerros firmes y cielo azul, me brindó una extrema sensación de bienestar. Sentía que mi calor corporal había encontrado la temperatura perfecta al enfrentarse al agua y al viento fríos que discurrían por mi cuerpo. Las montañas me brindaban su abrazo y yo solo atinaba a respirar profundamente. En vez de salir corriendo del agua para abrigarme, preferí quedarme parado, desnudo, contemplando. Mis compañeros experimentaron lo mismo.

(Ahora que lo pienso, el baño en la laguna terminó con el ciclo pernicioso del virus. Lo dejó "helado". La plantita terminó de cerrar "la herida", de cicatrizarla). 

Positivo

Hoy, dos días después de la sesión de Ayahuasca, mi señora y mi hija menor me piden que las acompañe a hacerse la prueba de descarte de COVID-19. Me apunto a modo de pasar el tiempo con ellas. Al llegar, determino, solo por curiosidad, hacerme la prueba. La enfermera me pregunta por los síntomas y le respondo: 

--Moco, tos sin flema, algo de picazón en la garganta y mi estómago que no lo entiendo.

Nos sacan la muestra nasofaringea a los tres. Mi hija menor y yo damos positivo, mientras que mi señora negativo. Ella escapa de nosotros ya que la correteamos para que se contagie también. 

Al parecer, estoy en el punto de la mayor carga viral. Claramente, hice la sesión de Ayahuasca infectado con el SARS-CoV-2.

Epílogo

Hoy, mientras la luna llena ilumina la noche como hace dos días atrás, me doy cuenta de que el COVID-19 y la Ayahuasca hicieron un acuerdo. El virus estaba en mí, obviamente, pero no por ello la Ayahuasca dejó de operar o de hacer su trabajo. Más que una tregua, me parece que la Ayahuasca sacó al virus --o las partes "rebeldes" de él-- de mi cuerpo cuando vomité. Parece que la plantita estuvo juntando o aislando en mi estómago a los malhechores para luego expulsarlos. Sorprendentemente, mientras la planta hacía eso, mi trabajo de sanación no se interrumpió. La Ayahuasca trabaja en diferentes planos y niveles al mismo tiempo. 

No sé qué variante o subvariante del virus COVID-19 tengo en mi cuerpo. Lo que sé es que me pusieron tres vacunas, las dos primeras de origen chino y la última británica. Recuerdo que tomé Ayahuasca varias veces durante el 2020 y el 2021, pero ninguna de mis sesiones coincidieron con las fechas de mis vacunas. Es decir, tuve el cuidado de tomar Ayahuasca mucho antes o después de haber recibido las dosis. 

¿Visiones sobre el virus SARS-CoV-2 y su naturaleza? No tuve ninguna durante las sesiones de Ayahuasca que hice en la pandemia. La verdad es que no tengo visiones hace mucho tiempo. La plantita solo me inspira hacia el ícaro y me da la bitonalidad, el vibrato y el "OM" infinito. También me usa para imponer las manos, olfatear, compartir el hálito vital, soplar con tabaco y esparcir el polvo de estrellas de mi sonajita milagrera. En otras palabras, la planta, hace un tiempo, me enfoca en la curación. 

En general, hoy me siento tranquilo. El moco sale de mi nariz de rato en rato y el aire frío entra como si invadiera una caverna vacía. Mi voz suena constipada. Mi garganta está adormecida por las hojas de coca, así que ni la siento. Toso de vez en cuando. No han desaparecido mis ganas de escribir ni de leer. Tampoco tengo sueño. En fin, me siento en proceso de recuperación.


Concluyendo

En conclusión, esta variante o subvariante del COVID-19 que poseo no interrumpe el trabajo de sanación que realiza la Ayahuasca. Al contrario, parece que la planta Maestra, Madre y Doctora, tiene la suficiente fuerza, potencia y personalidad como para aguantar, rectificar, acomodar y llamar la atención al virus.

Cusco, 15 de julio de 2022.

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